Despues de más de diez años sin salir al extranjero fui con unos amigos a Amsterdam, Utrech y a Brujas). Amsterdam es una ciudad impresionante desde el punto de vista urbanístico, arquitectónico, tecnológico y humano. La gente es muy amable (pero amable de verdad, no lo digo como tópico), la inmigración está mucho más adaptada y aceptada que aquí, la bici como medio de transporte es fundamental y el carril bici es real, puedes ir a cualquier parte (a cualquier) sin invadir la acera o la calzada. Luego el clima, habrá gente que le guste más o menos, pero desde luego que no pasan de los 25 grados (tal vez a mí me gustó tanto porque en Valencia el día que no se llega a los 35º, la sensación térmica que provoca la humedad hace que lo parezca).

Volúmenes maclados del Wozoco de MVRDV

Wozoco Aparments en Amsterdam, de MVRDV.

Es el país de gente como MVRDV, Rem Koolhaas o Gerrit Rietveld y de cantidad de arquitectos anónimos con una obra que en su conjunto resulta muy interesante. Creo que, al contrario que pasa en Valencia, dónde Calatrava tiene su coto privado, en Holanda se cumple una máxima que hace un par de años me dijo un profesor de urbanística: anónimo el arquitecto y rotunda su arquitectura.

En Amsterdam, aparte de disfrutar de la increíble arquitectura vernacular, fuimos a ver dos obras de MVRDV: el Wozoco (que cumple ahora diez años) y el Silodam. Tanto uno como otro son edificios de viviendas, pero tienen una personalidad tan marcada que los hace imposibles de confundir con cualquier otra obra. El Wozoco se caracteriza por unos volúmenes volados en una de las caras longitudinales del bloque de edificios. Desconozco el dato, pero creo que cada volumen sobresale al menos 10 metros. Por otro lado, el Silodam se halla a medio camino entre la genialidad y la locura. Cada uno de los distintos tratamientos que hay en la fachada supone una tipología de vivienda distinta (y hay unas cuantas).

En Utrech fuimos a ver la Casa Schröder de Rietveld, que si bien me la había imaginado más grande (vista desde fuera), no me la había imaginado tan sumamente intersante. Se trata de un diseño integral en el que todo tiene un porqué, desde la pintura de las puertas a los distintos tipos de suelo, no se deja nada al azar. El mobiliario, el juego de planos, los volúmenes empleados, las distintas escalas de trabajo que manejó Rietveld… todo lo que hay en la casa hay es digno de admiración. Puede que junto al Pabellón de Barcelona de Mies van der Rohe (que por cierto, sí que se halla en su emplazamiento original), sea una de las obras que más me ha impresionado al visitar (tambien puede ser pq la visita prácticamente fue privada, éramos Pepe, Merce, un tipo de Barcelona bastante curioso y yo).

En resumen, un viaje altamente recomendable. Me quedo sin comentar muchas otros edificios que tambien resultan muy interesantes, como el Nemo de Renzo Piano, el museo de Van Gogh de Rietveld, las obras de la impresionante Oberbare Bibliotheek de Jo Coenen (que no tenía ni idea de quien era este hombre hasta este viaje) y un largo etc.

Por cierto, también aproveché el viaje para avanzar en la lectura de “El manantial”. Una vez finalizado, volví a ver la película y me di cuenta que es un breve (brevísimo) resúmen del libro. Los tres primeros minutos de la peli (la conversación con el decano, con Peter Keating y con Henry Cameron) son en el libro unas 80 páginas. Se profundiza mucho más en los personajes, por ejemplo, el ascenso de Keating desde la facultad hasta convertirse en socio de Guy Françon, las penurias de Roark son aún mayores, Toohey (q en la peli parece el señor del monopoly) queda mucho más perfilado y se añaden muchos otros personajes (como Malory, un escultor del mismo perfil de Roark o Katie, una medio novia que tiene Keating antes de casarse con Dominique). A pesar de todo, no quiero con esto decir que la película no sea recomendable, sino que ha tenido que condensar un libro de casi 800 páginas en hora y media y muchas cosas han quedado por el camino para que la trama principal quede bien clara.

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